La Sagrada Familia

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Por un lado tenemos el elemento divino (Rodolfo), «al cual se le atribuye el poder y la libertad en su plenitud», y que es el único principio activo; y por el otro lado tenemos al elemento pasivo; el estado social y los hombres que forman parte de él. El estado social es «el suelo de la realidad». Si no se quiere renunciar completamente a ese suelo de la realidad, si no se quiere «que sea suprimido el último vestigio del estado natural», si se quiere que el mundo conserve todavía una parte cualquiera en el «principio de evolución» que Rodolfo representa frente a él, si no se quiere que «el elemento humano sea dado como careciendo pura y simplemente de libertad y de actividad», es preciso que el señor Szeliga caiga en la «contradicción de la conciencia religiosa». Si bien separa violentamente el estado social y su actividad, como el dualismo de una masa inerte y de la crítica (Rodolfo), está obligado, sin embargo, a conceder al estado social y a la masa algunos atributos de la divinidad y a construir, en Flor de María, la unidad especulativa de ambos, de Rodolfo y del mundo. (Véase Kritik der Synoptiker, I, p. 39).






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