La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Después de haber demostrado que, lógicamente, Flor de María debería ser la madre de Rodolfo, el señor Szeliga demuestra luego, al contrario, que «para responder absolutamente a la idea que ella personifica en nuestra epopeya, nunca debe llegar a ser madre». Esto demuestra, al menos, que la idea de nuestra epopeya y la continuación lógica del señor Szeliga se contradicen recíprocamente.
La Flor de María especulativa no es otra cosa que «la encarnación de una idea». ¿Y de qué idea? «No obstante, tiene por misión representar en cierto sentido la última lágrima melancólica que el pasado vierte antes de desaparecer para siempre jamás». Es la representación de una lágrima alegórica y lo poco que es, ni lo es más que «en cierto sentido».
No seguiremos al señor Szeliga en su descripción de Flor de María. A ella misma le dejamos el placer de formar, según la prescripción del señor Szeliga, «el contraste absoluto con todo el mundo», un contraste misterioso, tan misterioso como los atributos de Dios.
Tampoco trataremos de penetrar «el verdadero misterio» que «ha sido puesto por Dios en el seno del hombre» y que la Flor de María especulativa indica, «no obstante, en cierto sentido». Pasamos de la Flor de María del señor Szeliga a la Flor de María de Eugène Sue y a las curas maravillosas que Rodolfo opera en ella.