La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Por analogía con la construcción de la madre de Dios, Flor de María debería ser, en realidad, la madre de Rodolfo, el nuevo salvador del mundo. El señor Szeliga lo declara expresamente: «Lógicamente, Rodolfo debería ser el hijo de Flor de María». Pero como no es el hijo, sino el padre de Flor de María, el señor Szeliga descubre en este hecho «el nuevo misterio de que el presente, en lugar de dar nacimiento al futuro, engendra en muchos casos el pasado, desde hace mucho tiempo desaparecido». ¡Más aún! Descubre ese otro misterio, más grande todavía, en contradicción directa con la estadística de la masa, que «un hijo que a su turno no deviene padre ni madre, sino que desciende a la tumba, virginal e inocente… es, por su esencia…, una joven».
El señor Szeliga se atiene fielmente a la especulación hegeliana cuando considera «lógicamente» a la hija como la madre de su padre. En la filosofía de la historia de Hegel —así como en su filosofía de la naturaleza—, el hijo engendra a la madre, el espíritu a la naturaleza, la religión cristiana al paganismo, el efecto a la causa.