La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Gracias a las intrigas de Rodolfo, Flor de MarÃa es promovida abadesa del convento. Primero se niega a aceptar ese puesto, por sentimiento de su indignidad. La vieja abadesa la presiona: «Os diré más aún, mi querida hija, antes de entrar al redil, vuestra existencia fue tan descarriada como, al contrario, pura y loable ahora…; las demás virtudes evangélicas de que nos habéis dado ejemplo desde vuestra estada aquÃ, expiarán y rescatarán a los ojos del Señor un pasado, por muy culpable que sea»[52].
Por las palabras de la abadesa vemos que las virtudes profanas de Flor de MarÃa se han transformado en virtudes evangélicas; o, mejor dicho, sus virtudes reales no deben manifestarse más que en una caricatura evangélica.
MarÃa responde a las palabras de la abadesa: «Santa madre, ahora creo poder aceptar»[53].
La vida del convento no responde a la individualidad de MarÃa; ella se muere. La religión cristiana no la consuela más que en la imaginación. En otros términos, su consolación cristiana es precisamente el aniquilamiento de su vida y de su ser reales, la muerte.