La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Por tanto, Rodolfo ha transformado primero a Flor de María en pecadora arrepentida, luego a la pecadora arrepentida en monja y, por último, a la monja en cadáver. En el sepelio, el sacerdote crítico Szeliga agrega su sermón al panegírico pronunciado por el cura católico.
Llama existencia «terrestre» a la existencia «inocente» de Flor de María, y la compara a «la culpa eterna e inolvidable». La glorifica por haber implorado excusa y perdón en su último aliento. Pero, de igual modo que el pastor protestante después de haber expuesto la necesidad de la gracia divina, la participación del difunto en el pecado original y la fuerte conciencia que ha tenido de su estado pecador, está obligado a celebrar las virtudes de ese mismo difunto, el señor Szeliga recurre también a la fórmula: «Y, sin embargo, ella no tenía personalmente nada que hacerse perdonar».
Finalmente arroja sobre la tumba de María la flor más marchita de la elocuencia de púlpito: «Pura en su corazón como raramente lo fue hombre alguno, ella se durmió en el seno del Señor». Amén.