La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Para ilustrar su teoría de la justicia, Eugène Sue nos da luego un ejemplo de ese dogmatismo femenino que el señor Edgar ya trincó muy a su gusto en Flora Tristán, de ese «dogmatismo que quiere tener una fórmula y se la crea de acuerdo con las categorías de lo que existe». A cada parte de la justicia criminal que deja en vigencia, Eugène Sue opone, hasta en el detalle, un cuadro de la justicia que recompensa. (Véase el cuadro que va a continuación).
Deslumbrado por ese cuadro, Eugène Sue exclama: «¡Ay, es una utopía! ¡Pero suponed que se organizara una sociedad de semejante manera!»[66]. Tal sería, pues, la organización crítica de la sociedad. Debemos defender formalmente esta organización contra Eugène Sue, que le reprocha el no haber sido nunca más que una utopía. Una vez más Eugène Sue ha olvidado algo: el premio a la virtud distribuido todos los años por la Academia, y del cual él mismo nos habló anteriormente. Incluso este premio tiene una doble forma: el premio material o premio Monthyon para las bellas acciones realizadas por hombres o mujeres, y el premio a las jóvenes, destinado a recompensar a las muchachas más honestas, en este último caso, ni falta la corona de rosas reclamada por Eugène Sue.