Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Rue Vaneau, 38
Estos berlineses no se consideran hombres que critican, sino críticos que tienen, por añadidura, la desgracia de ser hombres. Sólo reconocen, por tanto, una necesidad real, que es la necesidad de la crítica teorética. De ahí que por ejemplo reprochen a Proudhon tomar como punto de partida una «necesidad práctica». Ello hace que esta crítica se pierda, por consiguiente, en un triste y pretencioso espiritualismo. Para ella, la consciencia o autoconsciencia es la única cualidad humana. Por ejemplo, se niega el amor porque en él la amada es simplemente un «objeto». ¡Abajo el objeto! De ahí que esta crítica se considere como el único elemento activo de la historia. Frente a ella, toda la humanidad es simplemente masa, una masa inerte, que sólo tiene valor en contraste con el espíritu. Y consecuentemente, considera como el mayor de los crímenes que el crítico tenga un temperamento y abrigue pasiones, pues debe ser un σοφὀς[29] irónicamente frío como el hielo.
De ahí que Bauer declare literalmente:
El crítico no debe participar en los padecimientos ni en los goces de la sociedad; no debe conocer ni la amistad ni el amor, ni el odio o el recelo; debe levantar su trono en medio de la soledad, donde sólo de vez en cuando escapa de sus labios la carcajada de los dioses olímpicos acerca de un mundo vuelto del revés.
