Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Capítulo 37
David Hume afirmaba que este capítulo es el locus communis[19] del anterior y lo afirmaba aun antes de que yo lo hubiese escrito. Su demostración era la siguiente: si este capítulo existe, el anterior no existe, pues éste ha expulsado al anterior, del que ha nacido, aunque no como causa y efecto, cosa de la que dudaba. Todo gigante —y por tanto todo capítulo de veinte líneas— deja tras sí un enano; todo genio, un estúpido filisteo; toda agitación del mar, sucio lodo; y apenas desaparecen los primeros, comparecen los segundos, ocupan un lugar en la mesa y con decisión extienden sus largas piernas.
Los primeros son demasiado grandes para este mundo, por eso se ven expulsados de él. Por el contrario, los otros echan raíces en él y —como lo demuestran los hechos— en él permanecen, ya que el champán deja un gusto duradero y repugnante, así como el héroe César, al actor Octaviano; el emperador Napoleón, al rey burgués Luis Felipe; el filósofo Kant, al caballero Krug; el poeta Schiller, al consejero de la Corte Raupach; el excelso Leibnitz, al maestrillo Wolf; el perro Bonifacio, este capítulo.
Así las bases se derrumban como residuos mientras el espíritu se evapora.
Escorpión y Félix. Novela humorística (1837)
