Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Señores:
No os dejéis engañar por la palabra abstracta «libertad». Libertad, ¿de quién? No es la libertad de cada individuo con relación a otro individuo. Es la libertad del capital para machacar al trabajador.
¿Cómo podéis refrendar la libre competencia con la libertad cuando esta libertad no es más que el producto de un estado de cosas basado en la libre competencia?
Hemos mostrado el género de fraternidad que el librecambio engendra entre las diferentes clases de una misma nación. La fraternidad que el librecambio establecería entre las diferentes naciones de la tierra no sería más fraternal. Designar con el nombre de «fraternidad universal» la explotación en su aspecto cosmopolita es una idea que sólo podía nacer en el seno de la burguesía. Todos los fenómenos destructores suscitados por la libre competencia en el interior de un país se reproducen en proporciones gigantescas en el mercado mundial. No necesitamos detenernos por más tiempo en los sofismas que difunden a este propósito los librecambistas y que tienen tanto valor como los argumentos de nuestros tres laureados, los señores Hope, Morse y Greg.
Se nos dice, por ejemplo, que el librecambio hará nacer una división internacional del trabajo, determinando para cada país el género de producción que corresponda a sus ventajas naturales.