Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion […] no tendrÃa más de treinta años en aquel tiempo, aunque era la cabeza reconocida de la escuela del socialismo avanzado. Aquel hombre en cierta manera rechoncho, con una frente ancha, cabello y barbas muy negros y unos ojos oscuros y brillantes atraÃa de manera inmediata la atención general. Disfrutaba de la reputación de haber adquirido grandes conocimientos, pero como yo sabÃa muy poco de sus descubrimientos y teorÃas, era el más ansioso por captar alguna palabra de sabidurÃa que escapara por los labios del hombre famoso. Mi expectación se vio frustrada de manera peculiar. Las afirmaciones de Marx estaban por supuesto llenas de significado, claras y lógicas, pero no habÃa visto jamás un hombre cuyos modales fueran tan provocadores e intolerables. A ninguna opinión que difiriera de la suya concedió el honor de la más mÃnima condescendiente consideración. A todo el que le contradijo lo trató con abyecto desdén; ante cualquier razón que le disgustara, comentaba con desprecio mordaz la inconmensurable ignorancia que la habÃa generado, o con infamia oprobiosa los motivos de aquel que la habÃa expuesto. Recuerdo como lo más reseñable el desdén cortante con el que pronunció la palabra «burgués», y de «burgueses» —esto es, un ejemplo detestable de la degeneración mental y moral más profundas— acusó a todos los que se atrevieron a contraponer su opinión […]. Era evidente que no sólo no habÃa conseguido adeptos sino que habÃa repelido a muchos que, de otra manera, podÃan haberse convertido en sus seguidores.
