Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Por tanto, diríase que el capitalista compra con dinero el trabajo de los obreros. Éstos le venden por dinero su trabajo. Pero esto no es más que la apariencia. Lo que en realidad venden por dinero los obreros al capitalista es su fuerza de trabajo. El capitalista compra esta fuerza de trabajo por un día, una semana, un mes, etcétera. Y una vez comprada, la consume, obligando a que los obreros trabajen durante el tiempo estipulado. Con el mismo dinero con que les compra su fuerza de trabajo, por ejemplo, con dos marcos, el capitalista podría comprar dos libras de azúcar o una determinada cantidad de otra mercancía cualquiera. Los dos marcos con los que compra dos libras de azúcar son el precio de las dos libras de azúcar. Los dos marcos con los que compra doce horas de uso de la fuerza de trabajo son el precio de un trabajo de doce horas. La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía, ni más ni menos que el azúcar. Aquélla se mide con el reloj; ésta, con la balanza.