Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion […] El obrero, en cuanto quiera, puede dejar al capitalista a quien se ha alquilado. El capitalista puede despedirle cuando se le antoje, cuando ya no le saque provecho alguno o no le saque el provecho que había calculado. Pero el obrero, cuya única fuente de ingresos es la venta de su fuerza de trabajo, no puede desprenderse de toda la clase de los compradores, es decir, de la clase de los capitalistas, sin renunciar a su existencia. No pertenece a tal o cual capitalista, sino a la clase capitalista en conjunto, y es incumbencia suya encontrar un patrono, es decir, encontrar dentro de esta clase capitalista un comprador.
Trabajo asalariado y capital (1849)