Llamando a las puertas de la Revolucion

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El fabricante, al calcular su coste de producción y, con arreglo a él, el precio de los productos, incluye en el cálculo el desgaste de los instrumentos de trabajo. Si una máquina le cuesta, por ejemplo, mil marcos y se desgasta totalmente en diez años, agregará cien marcos cada año al precio de las mercancías fabricadas para, al cabo de los diez años, poder sustituir la máquina ya agotada por otra nueva. Del mismo modo hay que incluir en el coste de producción de la fuerza de trabajo simple el coste de procreación que permite a la clase obrera estar en condiciones de multiplicarse y de reponer los obreros agotados por otros nuevos. Por tanto, el desgaste del obrero entra en los cálculos ni más ni menos que el desgaste de las máquinas.

Así pues, el coste de producción de la fuerza de trabajo simple se cifra siempre en los gastos de existencia y reproducción del obrero. El precio de este coste de existencia y reproducción es el que forma el salario. El salario así determinado es lo que se llama el salario mínimo. Y al igual que el coste de producción para el precio de las mercancías en general, el salario mínimo no rige para el individuo sino para la especie. Hay obreros, millones de obreros, que no ganan lo necesario para poder vivir y procrear, pero el salario de la clase obrera se nivela, dentro de sus oscilaciones, sobre la base del salario mínimo.

Trabajo asalariado y capital (1849)


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