Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Bruselas, 24 de diciembre. Los periódicos franceses vuelven a publicar una carta del señor Lamartine. Esta vez el socialista poético se manifiesta sin rodeos, por fin, sobre el comunismo, después de que Cabet lo instara a hacerlo. Al mismo tiempo, Lamartine promete que próximamente se ocupará en detalle de este «importante tema». Por ahora se contenta con algunas breves frases oraculares:
Mi opinión sobre el comunismo —dice— puede resumirse en un sentimiento (!),[31] que es el siguiente: si Dios me confiara una sociedad de salvajes para civilizarlos y convertirlos en personas cultas, la primera institución que les daría sería la propiedad.
El hecho de que el hombre se apropie de los elementos —prosigue el señor Lamartine— es una ley natural y una condición vital. El hombre se apropia del aire al respirar, del espacio al atravesarlo, del suelo al cultivarlo, incluso del tiempo al perpetuarse mediante los hijos; la propiedad es la organización del principio vital en el universo; el comunismo constituiría la muerte del trabajo y de toda la humanidad.
Su sueño —concluye el señor Lamartine consolando al señor Cabet— es demasiado hermoso para esta tierra.
