Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Pero volvamos al texto de la instrucción:
Con arreglo a esta ley —se refiere a su artÃculo II—, «la censura no debe entorpecer la seria y modesta investigación de la verdad, imponer a los escritores una coacción indebida ni poner trabas a la libre circulación en el comercio librero».
La investigación de la verdad, que la censura no debe entorpecer, se califica, como se ve, precisándola de seria y modesta. Los dos criterios se refieren no tanto al contenido mismo de la indagación como a circunstancias exteriores a ella. Se desvÃan desde el primer momento de la investigación misma de la verdad para dirigir la atención contra un tercero desconocido. ¿Acaso no perderá de vista la verdad una indagación que dirige la mirada constantemente hacia este tercero a quien la ley dota de una justa irritabilidad? ¿Y no es deber primordial del investigador de la verdad lanzarse directamente a la búsqueda de ésta, sin mirar a derecha o izquierda? ¿No me olvidaré de decir lo que hay que decir cuando se me obliga a no olvidar, menos aún, que debo decirlo en la forma prescrita?
La verdad es tan poco modesta como la luz, y ¿contra quién habrÃa de serlo? ¿Contra sà misma? Verum index sui et falsi[20]. Es decir, ¿contra la mentira?