Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Con independencia de las formas en que esta lucha social se concrete a partir de ahora, lo que hasta aquà hemos visto no es más que el principio. La lucha parece destinada a hacerse nacional y a entrar en fases que la historia no ha conocido, porque hay que tener en cuenta que, aunque es posible que provisionalmente sea la derrota lo que aguarde a las clases trabajadoras, operan ya grandes leyes sociales y económicas que con el tiempo deben garantizar su triunfo. A la misma oleada industrial que ha incitado a la clase media contra la aristocracia se debe que ahora, con la contribución presente y futura de la emigración, las clases trabajadoras se alcen contra las clases medias. La clase media asesta a la aristocracia los mismos golpes que recibirá de la clase obrera. Es la instintiva percepción de este hecho lo que ya pesa sobre las acciones de la clase media y las coarta. Ante la reciente agitación polÃtica de las clases trabajadoras, la clase media ha aprendido a odiar y a temer los movimientos polÃticos ostensibles. «Los hombres respetables, caballero, no nos unimos a ellos», dice con hipocresÃa. La clase media alta remeda la forma de vida de la aristocracia y se esfuerza por entrar en contacto con ella. Como consecuencia, el feudalismo de Inglaterra no perecerá bajo los procesos de disolución apenas perceptibles de la clase media: el honor de esa victoria queda reservado a las clases trabajadoras. Llegado el momento de su intervención en el escenario de la acción polÃtica, entrarán en liza tres poderosas clases que se enfrentarán entre sÃ: la primera representa la tierra, la segunda el dinero, la tercera el trabajo. Ahora se está imponiendo la primera, pero la segunda acabará por agachar la cabeza ante su sucesora en el terreno del conflicto social y polÃtico.