Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Entre ellos aparece esporádicamente cierta forma de agricultura que determina la propiedad agraria. Es una propiedad colectiva y conserva más o menos esta forma en función de que dichos pueblos queden más o menos apegados a su tradición: verbigracia, la propiedad comunal de los eslavos. Entre los pueblos con una agricultura firmemente asentada —este asentamiento constituye ya un progreso importante—, donde el cultivo de los campos predomina, como en las sociedades antigua y feudal, la industria misma, su organización y las formas de propiedad que le corresponden tienen más o menos el carácter de propiedad agraria. O la industria depende completamente de la agricultura, como entre los antiguos romanos, o bien, como en la Edad Media, imita la organización rural en las ciudades y en las relaciones que hay en éstas. En el Medievo, incluso el capital —en la medida en que no se trata del capital puramente monetario— tiene, bajo la forma de herramientas de oficio tradicionales, etcétera, ese carácter de propiedad territorial. En la sociedad burguesa, todo lo contrario. La agricultura se convierte cada vez más en una de las ramas industriales y está dominada completamente por el capital. Lo mismo ocurre con la renta del suelo. En todas las formaciones sociales donde domina la propiedad agraria, preponderan las relaciones naturales. Y en las formas de sociedad donde domina el capital, prevalece el elemento social creado en el curso de la historia. Es imposible comprender la renta del suelo sin el capital, pero se puede comprender el capital sin la renta del suelo. El capital es la fuerza económica de la sociedad burguesa que lo domina todo, constituye necesariamente el punto de partida y el punto final y debe ser analizado antes de la propiedad agraria. Después de estudiarlos por separado, es preciso examinar su relación mutua.