Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Mi querido amigo:
Tiene sobradas razones para estar enojado conmigo, por mi largo silencio pese a sus muchas cartas amistosas.
Pero tiene que perdonarme por las condiciones extraordinarias en que me encuentro. A causa de mi larga enfermedad, mi situación económica ha alcanzado un punto crucial. He acumulado una serie de deudas que me tupen la cabeza y me vuelven incapaz de hacer cualquier otra cosa que no sea el trabajo absorbente. Si no logro conseguir un préstamo de por lo menos 1000 táleros, digamos al 5 por ciento, no veo realmente cómo salir del paso. Y pese a todos los mensajes de aprecio que recibo de Alemania, no sé a quién dirigirme. Puedo aceptar ayuda únicamente de amigos, pero no puedo en forma alguna recurrir a un préstamo público. En estas condiciones, como comprenderá, es difícil escribir cartas.
Todavía no he logrado restablecer mis relaciones lucrativas con América. Tienen tanto que hacer allá con su propio movimiento que consideran cualquier gasto para una corresponsalía de Europa como faux-frais de production[47]. Podría resolverlo emigrando, pero considero mi deber quedarme en Europa y terminar la obra a la que he dedicado tantos años.