Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion En el terreno de la economía política, la libre investigación científica no tropieza sólo con el mismo enemigo que se encuentra en todos los demás campos. La peculiar naturaleza de la materia que trata convoca en su contra las pasiones más violentas, mezquinas y odiosas que sufre el pecho humano, las furias del interés privado. La Alta Iglesia anglicana, por ejemplo, perdona antes el ataque a 38 de sus 39 artículos de fe que el ataque a 1/39 de sus ingresos en dinero. Hoy en día el mismo ateísmo es una culpa levis comparado con la crítica de las relaciones de producción tradicionales. Pero a pesar de ellos, hay en este punto un progreso inequívoco. Me remito, por ejemplo, al Libro Azul publicado estas últimas semanas, Correspondece with Her Majesty’s Missions Abroad, regarding Industrial Questions and Trade Unions. Los representantes de la Corona británica en el extranjero dicen con secas palabras que en Alemania, en Francia, en suma, en todos los Estados cultos del continente europeo, es tan perceptible y tan inevitable como en Inglaterra una transformación de las relaciones y condiciones existentes del capital y el trabajo. Al mismo tiempo y al otro lado del océano Atlántico, el señor Wade, vicepresidente de los Estados Unidos de Norteamérica, declaraba en meetings públicos: tras la eliminación de la esclavitud, se pone a la orden del día la transformación de las relaciones de capital y propiedad de la tierra. Son signos de los tiempos que no se pueden esconder ni tras mantos de púrpura ni tras hábitos negros. No significan que mañana vayan a ocurrir milagros. Muestran cómo en las mismas clases dominantes asoma el barrunto de que la presente sociedad no es ningún cristal rígido, sino un organismo capaz de transformación y constantemente capturado en el proceso de transformarse.