Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion A primera vista, una mercancía parece una cosa obvia, trivial. Su análisis indica que es una cosa complicadamente quisquillosa, llena de sofisticada metafísica y de humoradas teológicas. En la medida en que es valor de uso, no tiene nada de misterioso, lo mismo si la contemplo desde el punto de vista de que por sus propiedades satisface necesidades humanas que si considero que no cobra esas propiedades más que como producto de trabajo humano. Está claro, sin más, que el hombre altera con su actividad las formas de las materias naturales de un modo conveniente para él. Así, por ejemplo, altera la forma de la madera cuando se hace de ésta una mesa. Pero a pesar de ello, la mesa sigue siendo madera, una ordinaria cosa sensible. En cambio, en cuanto se presenta como mercancía se convierte en una cosa sensiblemente suprasensible. No sólo descansa la mesa con sus patas en el suelo sino que, además, se pone patas arriba frente a todas las demás mercancías, mientras su cabeza de madera emite caprichos más maravillosos que las espontáneas danzas que emprenden algunas mesas.
