Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion El trabajo es toda una tercera parte menos caro en Francia que en Inglaterra, pues los pobres de Francia trabajan duramente y se comportan con sobriedad en su alimentación y su vestido, y su consumo principal son pan, frutos, hierbas, raíces y pescado seco; pues muy rara vez comen carne y, cuando el trigo está caro, comen muy poco pan. A lo que aún se añade —sigue diciendo el ensayista— que su bebida es el agua u otros licores igual de suaves, de modo que, efectivamente, su gasto es asombrosamente escaso. […] Una situación así es, con seguridad, difícil de instaurar pero no es inalcanzable, como lo prueba contundentemente su existencia tanto en Francia como en Holanda.
El capital, Libro I, capítulo vigésimo segundo (1867)