Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Con el progreso de la industria y de la ciencia —dice Sismondi—, todo trabajador puede producir cada dÃa mucho más de lo que necesita para su consumo. Pero, al mismo tiempo, aunque su trabajo produce la riqueza, la riqueza, si él fuera llamado a consumirla, lo volverÃa poco apto para el trabajo. Según él, «los seres humanos» —esto es, los no trabajadores— renunciarÃan probablemente a todos los perfeccionamientos de las artes, asà como a todos los goces que nos procura la industria si tuvieran que pagarlos con un trabajo constante como el del obrero. […] Hoy los esfuerzos van separados de su premio; no es el mismo hombre el que primero trabaja y luego descansa: por el contrario, precisamente porque el uno trabaja tiene que descansar el otro. […] La multiplicación sin fin de las fuerzas productivas del trabajo no puede, pues, tener más resultado que el aumento del lujo y de los placeres de los ociosos ricos.
Por último, Destutt de Tracy, el doctrinario burgués de sangre frÃa como la de los peces, lo expresa brutalmente:
Las naciones pobres son aquéllas en las que el pueblo está a gusto y las naciones ricas son aquéllas en las que suele ser pobre.
El capital, Libro I, capÃtulo vigésimo tercero (1867)