Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Su programa estaba compuesto de retazos superficialmente hilvanados de ideas pequeñoburguesas arrebañadas de acá y de allá: igualdad de clases (!), abolición del derecho de herencia como punto de partida del movimiento social (tontería sansimonista), el ateísmo como dogma obligatorio para los miembros de la Internacional, etcétera, y en calidad de dogma principal la abstención (proudhonista) del movimiento político.
Esta fábula infantil fue acogida con simpatía (y hasta cierto punto es apoyada aún hoy) en Italia y en España, donde las condiciones reales del movimiento obrero están aún poco desarrolladas, y también entre algunos fatuos, ambiciosos y hueros doctrinarios en la Suiza latina y en Bélgica.
Para el señor Bakunin, su doctrina (bazofia de trozos tomados de Proudhon, Saint-Simon y otros) era y es un asunto secundario, un simple medio para su encumbramiento personal. Como teórico es un cero a la izquierda, pero las intrigas son su elemento.
El Consejo General ha tenido que luchar durante años contra este complot (apoyado hasta cierto punto por los proudhonistas franceses, sobre todo en el Midi). Finalmente, valiéndose de las resoluciones 1, 2 y 3, IX, XVI y XVII de la Conferencia[61], descargó el golpe que tanto tiempo llevaba preparando.