Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion La propiedad de la tierra es la fuente original de toda riqueza y se ha convertido en el gran problema de cuya solución depende el porvenir de la clase obrera.
Sin plantearme la tarea de examinar aquí todos los argumentos de los defensores de la propiedad privada sobre la tierra —jurisconsultos, filósofos y economistas—, me limitaré nada más que a hacer constar, en primer lugar, que han hecho no pocos esfuerzos para disimular el hecho inicial de la conquista al amparo del «derecho natural». Si la conquista ha creado el derecho natural para una minoría, a la mayoría no le queda más que reunir suficientes fuerzas para tener el derecho natural de reconquistar lo que se le ha quitado.
En el curso de la historia los conquistadores han estimado conveniente dar a su derecho inicial, que se desprendía de la fuerza bruta, cierta estabilidad social mediante leyes impuestas por ellos mismos.
Luego viene el filósofo y muestra que estas leyes implican y expresan el consentimiento universal de la humanidad. Si en efecto la propiedad privada sobre la tierra se basa en semejante consentimiento universal, debe sin duda desaparecer en el momento en que la mayoría de la sociedad no quiera reconocerla más.