Llamando a las puertas de la Revolucion
Llamando a las puertas de la Revolucion Querido Kugelmann:
Recibí tus cartas (incluyendo las líneas amistosas de tu querida esposa y de Fränzchen), el Meyer (socialista-polizonte, faiseur embadurnador de papeles literarios), así como los recortes del Frankfurter, etcétera y, finalmente, una carta de madame Tenge.
Te estoy sumamente agradecido, así como a los tuyos y a la señora Tenge, por el interés amistoso que mostráis por mi estado de salud. Pero me ofendes al atribuir mi negligencia en escribir a otras causas que no sean mi salud vacilante. Las recaídas interrumpen constantemente mi trabajo, y luego me obligan a recuperar el tiempo perdido dejando de lado todas las demás obligaciones (incluyendo la correspondencia); todo esto acaba por agriarle a uno el carácter y hacerle perder todo impulso.