Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia Como el valor de un producto útil se mide por el tiempo de trabajo necesario para producirlo, siempre puede ser aceptado a cambio. Testimonio de ello, exclama el señor Proudhon, son el oro y la plata, que reúnen las condiciones requeridas de «permutabilidad». Por tanto, el oro y la plata son el valor que ha alcanzado estado de constitución, son la encarnación de la idea del señor Proudhon. No puede ser más afortunado en la elección de su ejemplo. El oro y la plata, además de su cualidad de ser una mercancía cuyo valor se determina, como el de cualquier otra, por el tiempo de trabajo, tiene la cualidad de ser medio universal de cambio, es decir, de ser dinero. Por eso, tomando el oro y la plata como una aplicación del «valor constituido» por el tiempo de trabajo, nada más fácil que demostrar que toda mercancía cuyo valor sea constituido por el tiempo de trabajo, será siempre susceptible de cambio, será dinero.
En el espíritu del señor Proudhon surge una cuestión muy simple: ¿por qué tienen el oro y la plata el privilegio de ser el tipo del «valor constituido»?