Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia Una vez admitida la necesidad de un medio particular de cambio, es decir, la necesidad del dinero, no queda sino explicar por qué esta función particular ha sido reservada al oro y la plata, y no a otra mercancía cualquiera. Ésta es una cuestión secundaria, cuya explicación no hay que buscar en el sistema general de las relaciones de producción, sino en las cualidades específicas inherentes al oro y a la plata como materia. Es claro, pues, que si los economistas en este caso «se han lanzado fuera del dominio de la ciencia, si han discurrido por el campo de la física, de la mecánica, de la historia, etc.», cosa que les reprocha el señor Proudhon, no han hecho sino lo que debían hacer. La cuestión no pertenece al dominio de la economía política.
«Lo que no ha visto ni comprendido ninguno de los economistas —dice el señor Proudhon— es la razón económica que ha determinado, en favor de los metales preciosos, el privilegio que disfrutan». [I, 69]
El señor Proudhon ha visto, comprendido y legado a la posteridad la razón económica que nadie —y no sin fundamento— había visto ni comprendido.