Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia Hemos visto que el ejemplo del dinero como aplicación del valor que ha alcanzado el estado de constitución, no ha sido elegido por el señor Proudhon sino para hacer pasar de contrabando toda su doctrina de la permutabilidad, es decir, para demostrar que toda mercancía evaluada según su coste de producción debe convertirse en dinero. Todo esto estaría muy bien, a no ser por el inconveniente de que, de todas las mercancías, precisamente el oro y la plata son, como dinero, las únicas que no se determinan por su coste de producción; y esto es tan cierto, que en la circulación pueden ser reemplazadas por el papel. Mientras se observe una cierta proporción entre las necesidades de la circulación y la cantidad de moneda emitida, bien sea en papel, en oro, en platino o en cobre, no puede plantearse la cuestión de observar una proporción entre el valor intrínseco (el coste de producción) y el valor nominal del dinero. Sin duda, en el comercio internacional, el dinero, como toda otra mercancía, es determinado por el tiempo de trabajo. Pero esto ocurre porque, en el comercio internacional, hasta el oro y la plata son medios de cambio como producto y no como dinero, es decir, el oro y la plata pierden los rasgos de «firmeza y autenticidad», de «consagración soberana» que constituyen, según la opinión del señor Proudhon, su carácter especifico. Ricardo ha comprendido tan bien esta verdad, que después de haber basado todo su sistema en el valor determinado por el tiempo de trabajo y después de haber dicho que «el oro y la plata, como todas las demás mercancías, no tienen valor sino en proporción a la cantidad de trabajo necesario para producirlos y hacerlos llegar al mercado», agrega, sin embargo, que el valor del dinero no se determina por el tiempo de trabajo cristalizado en su materia, sino solamente por la ley de la oferta y la demanda.