Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia «¡Qué embrollo el de la economía política!», prorrumpe el señor Proudhon. [I, 72]
«¡Maldito oro!, exclama graciosamente un comunista» (por boca del señor Proudhon). «Con la misma razón podría decirse: ¡Maldito trigo, malditas viñas, malditas ovejas!, pues, al igual que el oro la plata, todo valor comercial debe llegar a su exacta y rigurosa determinación». [I, 73]
La idea de atribuir a las ovejas y a las viñas las propiedades del dinero no es nueva. En Francia pertenece al siglo de Luis XIV. En esta época, cuando el dinero comenzó a alcanzar su omnipotencia, alzábanse quejas a propósito de la desvalorización de todas las demás mercancías y las gentes ansiaban con vehemencia que llegara el momento en que «todo valor comercial» pudiese llegar a su exacta y rigurosa determinación, convirtiéndose a su vez en dinero. He aquí lo que encontramos ya en Bois-Guillebert, uno de los más antiguos economistas de Francia:
«Entonces el dinero, gracias a esta irrupción de innumerables competidores representados por las propias mercancías restablecidas en sus justos valores, será situado en sus límites naturales». (Economistes financiers du XVIII siècle, pág. 422, edic. Daire.)
Como se ve, las primeras ilusiones de la burguesía son también las últimas.