Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia Este Prometeo del señor Proudhon es un personaje peregrino, tan poco fuerte en lógica como en economía política. Mientras Prometeo se limita a aleccionarnos diciendo que la división del trabajo, el empleo de máquinas y la explotación de las fuerzas naturales y del poder de la ciencia multiplican las fuerzas productivas de los hombres y dan un excedente en comparación con lo que produce el trabajo aislado, la desgracia de este nuevo Prometeo consiste únicamente en haber aparecido demasiado tarde. Pero en cuanto Prometeo se pone a hablar de producción y consumo, es realmente grotesco. Para él, consumir es producir; consume al día siguiente lo que ha producido la víspera, y así cuenta siempre con un día de reserva: esta jornada sobrante es su «remanente de trabajo». Pero consumiendo hoy lo que produjo ayer, Prometeo, el primer día, que no tuvo víspera, hubo de trabajar jornada doble a fin de disponer luego de un día de reserva. ¿Cómo pudo Prometeo conseguir el primer día este remanente, si no había ni división de trabajo, ni máquinas, ni conocimiento de más fuerzas de la naturaleza que la del fuego? Por tanto, retrotrayendo la cuestión «al primer día de la segunda creación», no se avanza ni un pasó. Esta manera de explicar las cosas, medio griega, medio hebrea, a la vez mística y alegórica, da al señor Proudhon pleno derecho para decir: