Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia A. Smith fue más perspicaz de lo que piensa el señor Proudhon. Vio muy bien que «en realidad la diferencia de talentos naturales entre los individuos es mucho menor de lo que creemos. Estas disposiciones tan diferentes, que parecen distinguir a las personas de diversas profesiones, cuando llegan a la edad madura, no son tanto la causa como el efecto de la división del trabajo» [I, 20]. La diferencia inicial entre un mozo de cuerda y un filósofo es menor que la que existe entre un mastín y un galgo. El abismo entre uno y otro lo ha abierto la división del trabajo. Esto no le impide al señor Proudhon decir, en otro lugar, que Adam Smith no sospechaba siquiera los inconvenientes de la división del trabajo. Es esto también lo que le hace decir que J. B. Say fue el primero en reconocer «que en la división del trabajo la misma causa que produce el bien engendra el mal». [I, 96]
Pero escuchemos a Lemontey: Suum cuique [15].
«El señor J. B. Say me ha hecho el honor de adoptar en su excelente tratado de economía política el principio que yo he formulado en este fragmento sobre la influencia moral de la división del trabajo. Sin duda, el titulo un poco frívolo de mi libro8 no le ha permitido citarme. Sólo a este motivo puedo atribuir el silencio de un escritor demasiado rico en pensamientos propios para negar esta apropiación tan insignificante». (Lemontey, Obras completes, t. I, pág. 245, Paris, 1840.)