Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia «El primer efecto del trabajo parcelario —prosigue el señor Proudhon—, después de la depravación del alma, es la prolongación de la jornada, que crece en razón inversa de la suma de fuerzas intelectuales gastadas… Pero como la duración de la jornada no puede exceder de dieciséis a dieciocho horas, cuando sea imposible compensar la disminución del gasto de fuerzas intelectuales con un, aumento del tiempo de trabajo, la compensación se hará a cuenta del precio del trabajo, y el salario disminuirá… Lo cierto, y lo único que necesitamos anotar, es que la conciencia universal no mide por el mismo rasero el trabajo de un contramaestre y el de un peón. Por consiguiente, es necesario reducir el precio de la jornada, de suerte que el trabajador, además de la aflicción espiritual del cumplimiento de una función degradante, tenga que sufrir privaciones físicas a causa de la parquedad de la remuneración». [I, 97, 98]
No vamos a detenernos en el valor lógico de estos silogismos, que Kant llamaría paralogismos que desvían.
He aquí su sustancia: