Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia Después de haber supuesto la fábrica moderna para deducir de la división del trabajo la miseria, el señor Proudhon supone la miseria engendrada por la división del trabajo para llegar a la fábrica y para poder presentarla como la negación dialéctica de esta miseria. Después de haber castigado al trabajador en el sentido moral con una función degradante y en el sentido físico con la parquedad del salario; después de haber colocado al obrero en dependencia del contramaestre y rebajado su trabajo hasta el nivel del trabajo de un peón, el señor Proudhon vuelve a la fábrica y a las máquinas para acusarlas de degradar al trabajador, «dándole un amo», y, para coronar el envilecimiento del trabajador, «le hace descender del rango de artesano al de peón». ¡Hermosa dialéctica! Y si al menos se detuviera pero no, el necesita una nueva historia de la división del trabajo, no ya para inferir de ella las contradicciones, sino para reconstruir la fábrica a su manera. Para llegar a este fin tiene que olvidar todo cuanto había dicho poco antes sobre la división del trabajo.
El trabajo se organiza y se divide de diferentes modos según sean los instrumentos de que disponga. El molino movido a brazo supone una división del trabajo distinta que el molino de vapor. Querer comenzar por división del trabajo en general, para luego llegar a uno de los instrumentos específicos de la producción, a las máquinas, significa, pues, burlarse de la historia.