Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia La finalidad constante y la tendencia de todo perfeccionamiento del mecanismo es, en efecto, prescindir por completo del trabajo del hombre o disminuir su precio, sustituyendo el trabajo de obreros varones y adultos con el de mujeres y niños, o el de obreros diestros con el de obreros sin calificar… Esta tendencia a no emplear más que niños de ojos vivaces y dedos ágiles en lugar de operarios de larga experiencia demuestra que nuestros fabricantes instruidos han desechado, al fin, el dogma escolástico de la división del trabajo según los diferentes grados de habilidad”. (Andre Ure, Philosophie des manufactures ou Economie industrielle [«Filosofía de la fabrica o Economía industrial»], t. I, cap. I [págs. 34-35].)
Lo que caracteriza la división del trabajo en el seno de la sociedad es que engendra las especialidades, las distintas profesiones, y con ellas el idiotismo del oficio.
«Nos causa admiración —dice Lemontey— ver que entre los antiguos un mismo personaje era a la vez, en grado eminente, filósofo, poeta, orador, historiador, sacerdote, gobernante y caudillo militar. El espíritu se sobrecoge ante un campo de acción tan vasto. Cada uno planta su cercado y se encierra en el ignoro si por efecto de este fraccionamiento, se agranda el campo de acción, pero sé muy bien que el hombre se achica».