Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia En el sistema de gradaciones del trabajo se requieren muchos años de aprendizaje antes de que el ojo y la mano sean lo bastante expertos para efectuar ciertas operaciones mecánicas muy difíciles; pero en el sistema que descompone los procesos en sus partes integrantes, y que hace que todas las partes sean ejecutadas por una máquina automática, se puede confiar estas partes elementales a un operario dotado de una capacidad ordinaria, después de haberlo sometido a una corta prueba; en caso de necesidad se le puede hacer pasar de una máquina a otra, a voluntad del que dirige los trabajos. Tales cambios están en oposición abierta con la vieja rutina que divide el trabajo y que asigna a un obrero la tarea de moldear la cabeza de un alfiler y a otro la de aguzarle la punta, trabajo cuya fastidiosa uniformidad les enerva… Pero bajo el dominio del principio de la igualación, es decir, en el sistema fabril, las facultades del obrero son sometidas solamente a un ejercicio agradable, etc… Como sus obligaciones se circunscriben a vigilar el trabajo de un mecanismo bien regulado, se puede imponer en ellas en poco tiempo: y cuando pasa de una máquina a otra, introduce variedad en su tarea y desarrolla sus ideas al reflexionar en las combinaciones generales que resultan de su trabajo y del de sus compañeros. Por eso, en el régimen de distribución igual de trabajos no se puede dar, en circunstancias ordinarias, esa coerción de las facultades, esa estrechez de horizontes y ese freno del desarrollo físico del obrero que no sin razón son atribuidos a la división del trabajo.