Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia No hay «emulación sin un fin». Y así como «el objeto de toda pasión es necesariamente análogo a la pasión misma: una mujer para el amante, el poder para el ambicioso, el oro para el avaro, una corona para el poeta, de la misma manera el objeto de la emulación industrial es necesariamente la ganancia. La emulación no es otra cosa que la competencia misma». [I, 187]
La competencia es la emulación con fines de ganancia. La emulación industrial ¿es necesariamente la emulación con miras al beneficio, es decir, la concurrencia? El señor Proudhon lo demuestra con una simple afirmación. Ya hemos visto que, para él, afirmar es demostrar, lo mismo que suponer es negar.
Si el objeto inmediato de la pasión del amante es la mujer, el objeto inmediato de la emulación industrial es el producto y no el beneficio.
La competencia no es la emulación industrial, es la emulación comercial. En nuestro tiempo, la emulación industrial no existe sino con fines comerciales. Hay inclusive fases en la vida económica de los pueblos modernos en las que todo el mundo está poseído de una especie de fiebre por obtener ganancias sin producir. Esta fiebre de la especulación, que sobreviene periódicamente, pone al desnudo el verdadero carácter de la competencia, que tiende a evitar la necesidad de la emulación industrial.