Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia En realidad, los vocablos sociedad y asociación son denominaciones que se pueden dar a todas las sociedades, lo mismo a la sociedad feudal que a la burguesa, que es la asociación fundada en la competencia. ¿Cómo puede haber socialistas que crean posible impugnar la competencia con la sola palabra asociación? ¿Y cómo puede el señor Proudhon querer defender la competencia contra el socialismo, designándola con el solo nombre de asociación?
Todo lo que acabamos de decir se refiere al lado bueno de la competencia, tal como la entiende el señor Proudhon. Pasemos ahora al lado malo, es decir, al lado negativo de la concurrencia, a sus inconvenientes, a lo que tiene de destructivo, de funesto, de pernicioso.
El cuadro que nos dibuja el señor Proudhon es lúgubre en extremo.
La concurrencia engendra la miseria, fomenta la guerra civil, «cambia las condiciones naturales de las zonas terrestres», mezcla las nacionalidades, perturba las familias, corrompe la conciencia pública, «trastorna las nociones de equidad, de justicia», de moral, y, lo que es peor, destruye el comercio honrado y libre y no da en compensación ni siquiera el valor sintético, el precio fijo y honesto. La competencia decepciona a todo el mundo, incluso a los economistas. Lleva las cosas hasta a destruirse a sí misma.