Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia Hubo un tiempo, como, por ejemplo, en la Edad Media, en que no se cambiaba más que lo superfluo, el excedente de la producción sobre el consumo.
Hubo luego un tiempo en que no solamente lo superfluo, sino todos los productos, toda la vida industrial pasaron a la esfera del comercio, un tiempo en que la producción entera dependía del cambio. ¿Cómo explicar esta segunda fase del intercambio: el valor de cambio elevado a su segunda potencia?
El señor Proudhon tendría una respuesta preparada: Suponed que un hombre «propuso a otros hombres, colaboradores suyos en funciones diversas», elevar el valor de cambio a su segunda potencia.
Por último, llegó un tiempo en que todo lo que los hombres habían venido considerando como inalienable se hizo objeto de cambio, de trafico y podía enajenarse. Es el tiempo en que incluso las cosas que hasta entonces se transmitían, pero nunca se intercambiaban; se donaban, pero nunca se vendían; se adquirían, pero nunca se compraban: virtud, amor, opinión, ciencia, conciencia, etc., todo, en suma, pasó a la esfera del comercio. Es el tiempo de la corrupción general, de la venalidad universal, o, para expresarnos en términos de economía política, el tiempo en que cada cosa, moral o física, convertida en valor de cambio, es llevada al mercado para ser apreciada en su más justo valor.