Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia Después de haber puesto el signo de igualdad entre el valor de cambio y la escasez, entre el valor de uso y la abundancia, el señor Proudhon se asombra de no encontrar ni el valor de uso en la escasez y el valor de cambio, ni el valor de cambio en la abundancia y el valor de uso; y viendo que la práctica no admite estos extremos, lo único que le queda es creer en el misterio. Para él existe precio inestimable porque no hay compradores, y no los encontrará jamás, mientras haga abstracción de la demanda.
Por otra parte la abundancia del señor Proudhon parece ser una cosa espontánea. Olvida por completo que hay gentes que la producen y que están interesadas en no perder nunca de vista la demanda. Si no, ¿cómo habría podido decir el señor Proudhon que la cosas que son muy útiles deben tener un precio muy bajo o incluso no costar nada? Por el contrario, debería haber llegado a la conclusión de que hace falta restringir la abundancia, la producción de cosas muy útiles, si se quiere elevar su precio, su valor de cambio.