Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia Los antiguos viticultores de Francia, solicitando una ley que prohibiera la plantación de nuevas viñas; los holandeses, quemando las especies en Asía y arrancando los claveros en las islas Molucas, querían simplemente reducir la abundancia para alzar el valor de cambio. En el decurso de toda la Edad Media se procedía con arreglo a este mismo principio a limitar por medio de leyes el número de compañeros que podía tener un maestro, y el número de instrumentos que podía emplear (Véase: Anderson, Historia del comercio).
Después de haber presentado la abundancia como el valor de uso y la escasez como el valor de cambio —nada más fácil que demostrar que la abundancia y la escasez están en razón inversa—, el señor Proudhon identifica el valor de uso con la oferta y el valor de cambio con la demanda. Para hacer la antítesis aun más tajante, sustituye los términos poniendo «valor de opinión» en lugar de valor de cambio. De esta suerte, la lucha cambia de terreno, y tenemos de un lado la utilidad (el valor de uso, la oferta) y de otro la opinión (el valor de cambio, la demanda).
¿Quién conciliará estas dos potencias opuestas? ¿Cómo ponerlas de acuerdo? ¿Se puede establecer entre ellas aunque sólo sea un punto de comparación?