Miseria de la filosofia
Miseria de la filosofia El trabajo, en tanto que se vende y se compra, es él mismo una mercancía. ¿Por qué se le compra? «Teniendo en cuenta los valores que, según se supone, están contenidos potencialmente en él». Pero cuando se dice que tal cosa es una mercancía, no se trata ya del fin con el que se la compra, es decir, de la utilidad que se quiere sacar de ella, de la aplicación que de ella se quiere hacer. Es una mercancía como objeto de tráfico. Todos los razonamientos del señor Proudhon se reducen a lo siguiente: el trabajo no se compra como objeto inmediato de consumo. Naturalmente que no: se le compra como instrumento de producción, como se compraría una máquina. En tanto que mercancía, el trabajo tiene valor, pero no produce. El señor Proudhon podría decir con el mismo derecho que no existen en general mercancías, puesto que toda mercancía se compra únicamente por su utilidad y nunca como tal mercancía.