Amorosa
Amorosa -¡Dime si tu resolución, si tu loca resolución, de la cual te arrepentirás luego, es irrevocable!
-SÃ… Pero ¡déjame!
-No; si estás decidida, mi casa es tu casa. Nos iremos lo antes posible a un lugar seguro; te acompañaré, te seguiré…
-No; no quiero que te sacrifiques. Comprendo… que te sacrificas.
-Espera; hice cuanto pude para convencerte; no quise contribuir a perjudicarte. Pero lo que tú hagas, yo lo acepto.
Irene volvió a sentarse, le miró a los ojos fijamente y dijo:
-Habla; explÃcame cómo te convenciste cuando te proponÃas convencerme; dime lo que has pensado.
-No he pensado nada. Te advierto que haces una locura, una terrible y dolorosa locura. Insistes, y te pido mi parte; lo de cada uno debe ser de los dos: tu locura, como todo.
-Tampoco me convences.