Pedro y Juan
Pedro y Juan Es evidente que escuelas tan diferentes han debido de emplear procedimientos de composición absolutamente opuestos.
El novelista que transforma la verdad constante, brutal y desagradable para presentar una aventura excepcional y seductora, debe, sin preocupación exagerada de la verosimilitud, disponer los acontecimientos a su antojo, prepararlos y colocarlos de suerte que agraden al lector, le conmuevan o le enternezcan. El plan de su novela no es más que una serie de ingeniosas combinaciones que hábilmente llevan al lector al desenlace. Los incidentes están dispuestos y graduados para llegar al punto culminante y al efecto del fin, que es un suceso capital y decisivo propio para satisfacer todas las curiosidades excitadas desde el principio, para poner límite al interés y terminar tan completamente la historia narrada que el lector ya no debe saber lo que será el día siguiente de los personajes más interesantes.
Por el contrario, el novelista que pretende presentarnos una imagen exacta de la vida, ha de evitar con cuidado todo encadenamiento de sucesos que pueda parecer excepcional.