Pedro y Juan
Pedro y Juan Después de descansar algunas horas despertó, y viendo que ya era la de emprender la vuelta para alcanzar el vapor, echó a andar, con el cuerpo dolorido por la postura en que habÃa dormido. SentÃa impaciencia por llegar, deseando saber si su madre habrÃa encontrado el retrato de Marechal. ¿HablarÃa de él la primera o tendrÃa que preguntarla? Si esperaba una nueva pregunta, era seguro que tenÃa una razón secreta para ocultar aquel retrato.
Cuando llegó a su cuarto dudó si bajar a comer. SufrÃa demasiado. Su corazón no habÃa tenido tiempo para tranquilizarse; sin embargo, se decidió a presentarse en el comedor cuando su familia iba a sentarse a la mesa.
Todos estaban contentos.
—¿Qué tal van esas compras? —dijo Roland—. Yo no quiero ver nada hasta que todo esté instalado.
—Van bien —contestó su mujer—. Pero hay que pensarlo despacio para no hacer una tonterÃa. La cuestión de mobiliario nos preocupa mucho.