Pedro y Juan
Pedro y Juan La vida deja todo en el mismo estado, precipita los hechos o los prolonga indefinidamente. El arte, por el contrario, consiste en usar de precauciones y preparaciones, en presentar transiciones hábiles y disimuladas, en colocar en plena luz, por efecto del acierto en la composición, los sucesos esenciales y en dar a todos los demás el grado de relieve que les conviene, según su importancia, para producir la sensación profunda de la verdad especial que se quiere demostrar.
Escribir la verdad consiste, pues, en presentar la ilusión completa de lo verdadero, siguiendo la lógica ordinaria de los hechos, y no en relatarlos servilmente en la confusión de su sucesión.
De todo esto deduzco que los realistas de talento deben llamarse más propiamente ilusionistas.
¡Qué puerilidad, por lo demás, creer en la realidad porque cada uno llevamos la nuestra en nuestro pensamiento y en nuestros órganos! Nuestros ojos, nuestros oídos, nuestro olfato, nuestro gusto diferente, crean tantas verdades como hombres existen sobre la tierra. Y nuestra inteligencia que recibe las instrucciones de estos órganos diversamente impresionados, comprende, analiza y juzga como si cada uno de nosotros perteneciera a una raza diferente.