Pedro y Juan
Pedro y Juan Referirlo todo serÃa imposible, porque se necesitarÃa un volumen a lo menos por dÃa para enumerar las multitudes de incidentes insignificantes que llenan nuestra existencia.
Se impone, pues, la elección, lo que es un primer golpe dado a la teorÃa de toda la verdad.
La vida, por lo demás, está compuesta de casos los más diferentes, los más imprevistos, los más contrarios, los más desiguales: es brutal, sin sucesión, sin engranaje, llena de catástrofes inexplicables, ilógicas y contradictorias que deben de ser clasificadas en el capÃtulo de hechos diversos.
He aquà por qué el artista, después de elegir su tema, no recogerá en esta vida preñada de azares y futilidades más que los detalles caracterÃsticos útiles a su asunto, y prescindirá de todo lo demás.
Un ejemplo entre mil:
El número de personas que mueren cada dÃa por accidente es muy considerable en este mundo. Pero ¿podemos hacer caer una teja sobre la cabeza de un personaje principal, o arrojarle bajo las ruedas de un carruaje, en medio de la narración, a pretexto de que es preciso conceder la parte correspondiente a lo accidental, a lo imprevisto?