Pedro y Juan
Pedro y Juan —¡Casarte!
—SÃ, ¿he hecho bien? Es encantadora, ¿no es verdad?
—SÃ… encantadora… has hecho bien.
—¿Es decir que lo apruebas?
—SÃ.
—¿Cómo dices eso?… Parece que no te agrada…
—SÃ, sÃ… me agrada.
—¿De veras?
—De veras.
Y para probárselo, lo estrechó en sus brazos y lo besó apasionadamente.
Cuando se limpió los ojos, que tenÃa llenos de lágrimas, vio allá lejos, en la playa, un cuerpo tendido boca abajo como un cadáver, con la cara sobre la piedra: era el otro, Pedro, que meditaba desesperado.
Entonces se llevó a Juan más lejos todavÃa, y allÃ, junto a las olas, hablaron largamente de aquel casamiento tan grato a sus corazones.
La mar, que subÃa, los arrojó hacia los pescadores, y todos juntos volvieron a la costa. Despertaron a Pedro, que fingÃa dormir, y la comida fue muy larga, rociada con abundantes vinos.