Pedro y Juan

Pedro y Juan

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pues bien, sí. Al menos no te habré engañado. Tú quieres que me quede contigo, ¿no es eso? Para eso, para que aún podamos vernos, hablarnos, encontrarnos todo el día en la casa, porque yo no me atrevo a abrir una puerta por miedo a encontrar a tu hermano detrás de ella, para eso es preciso, no que tú me perdones —nada hace más daño que un perdón—, sino que no me acuses de lo que he hecho. Es preciso que te sientas bastante fuerte, bastante diferente de todo el mundo, para pensar que no eres hijo de Roland sin avergonzarte y sin despreciarme. Yo he sufrido bastante, he sufrido demasiado… no puedo más, no puedo más. Y no desde ayer, desde hace mucho tiempo. Pero tú no podrás comprender esto nunca… Para que pudiésemos aún vivir juntos y abrazarnos, mi querido Juan, piensa que yo, más que la querida de tu padre, he sido su esposa, su verdadera esposa; que no tengo vergüenza en el fondo del corazón, que no lamento nada, que le amo aún después de muerto, que le amaré siempre, que no he amado más que a él, que ha sido toda mi vida, toda mi alegría, toda mi esperanza, todo mi consuelo, todo, ¡todo para mí durante tanto tiempo! Oye, hijo mío, delante de Dios que me escucha, yo no hubiera tenido nunca nada de bueno en la existencia si no le hubiese encontrado, nunca, nada, ni un cariño, ni una dulzura, ni una de esas horas que nos hacen sentir envejecer, nada. Yo se lo debo todo. No he tenido más que a él en el mundo, y luego a vosotros dos, a tu hermano y a ti. Sin vosotros todo sería para mí vacío y negro como la noche. Yo no hubiera jamás amado nada, ni conocido nada, ni deseado nada, ni siquiera hubiese llorado, porque yo he llorado, hijo mío. Sí, he llorado mucho desde que vinimos aquí. Yo me había entregado a él en cuerpo y alma para siempre, y durante diez años he sido su mujer, como él fue mi marido ante Dios, que nos había hecho el uno para el otro. Después comprendí que él me amaba menos. Seguía siendo bueno y cariñoso, pero yo no era para él lo que había sido. Todo había concluido. ¡Cuánto lloré! ¡Qué engañosa y miserable es la vida! ¡No hay en ella nada que dure!… Llegamos aquí y no le he vuelto a ver, ¡nunca ha venido! ¡Prometía en todas sus cartas! Yo le esperaba siempre… y no le he visto más. Pero aún nos amaba, puesto que pensó en ti. Yo le amaré hasta mi último suspiro y no renegaré de él jamás, y te amo porque eres su hijo, y no podría avergonzarme de él delante de ti. ¿Lo comprendes?… no podría. Si quieres que me quede, es preciso que aceptes ser su hijo y que hablemos de él algunas veces, y que le ames un poco y que pensemos en él cuando nos miremos. Si no quieres, si no puedes, adiós, hijo mío, es imposible que permanezcamos juntos. Ahora yo haré lo que tú decidas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker