Pedro y Juan
Pedro y Juan Si hablo aquí de ellos y de mí es porque sus consejos, reunidos en pocas líneas, serán útiles quizás a algunos jóvenes menos confiados en sí mismos de lo que se suele ser ordinariamente cuando se comienza la carrera literaria.
Bouilhet, el primero a quien traté íntimamente dos años antes de obtener la amistad de Flaubert, a fuerza de repetirme que cien versos, quizá menos de cien, bastan para hacer la reputación de un artista, si son irreprochables y si contienen la esencia del talento y de la originalidad de un hombre, aun de segundo orden, me hizo comprender que el trabajo continuo y el conocimiento profundo del oficio, pueden un día de lucidez, de inspiración y de potencia creadora, encontrando un asunto feliz perfectamente acorde con todas las tendencias de nuestro espíritu, producir esa manifestación en la obra corta, única y la más perfecta que de nosotros puede nacer.
Comprendí inmediatamente que casi todos los escritores más conocidos no han dejado más de un volumen, y que es preciso ante todo tener esa fortuna de encontrar y discernir, en medio de la multitud de materias que se presentan a nuestra elección, aquella que absorberá todas nuestras facultades, todo nuestro valor, toda nuestra potencia artística.