Pedro y Juan
Pedro y Juan El hombre que se propone únicamente divertir a su público por medios ya conocidos escribe con entera confianza, en el candor de su mediocridad, obras destinadas a la multitud ignorante y desocupada. Pero aquellos sobre quienes pesan todos los siglos de la literatura pasada, a quienes nada satisface, a quienes todo disgusta porque sueñan algo mejor, a quienes todo parece ya desflorado, y a quienes, en fin, su obra produce la impresión de un trabajo inútil y común, llegan a juzgar el arte literario como una cosa misteriosa, impalpable, que apenas nos revelan algunas páginas de los más grandes maestros.
Veinte versos, veinte frases nos conmueven en lo más hondo del corazón como una revelación sorprendente; pero los versos siguientes se parecen a todos los versos, la prosa que sigue a aquellas frases se parece a todas las prosas.
Los hombres de genio no sufren, sin duda, esas angustias y esos tormentos, porque tienen en sí mismos una fuerza creadora, irresistible. No se juzgan ellos mismos. Los demás, nosotros, que somos sencillamente trabajadores conscientes, no podemos luchar contra el invencible desaliento sino por medio de la continuidad del esfuerzo.
Dos hombres con sus consejos sencillos y luminosos me han dado esta fuerza para intentar siempre: Luis Bouilhet y Gustavo Flaubert.